Ingrid, tus obras funcionan como mapas imaginarios. ¿Cómo se construye el territorio de la memoria cuando el paisaje físico es tan imponente como el de nuestra región?
- Los mapas que hago están relacionados con la psicogeografía, esto es, como el entorno influye en nosotros psicológica o emocionalmente. A veces hasta nos hace recorrerlo de una cierta forma. Guy Debord y los Situacionistas fueron los primeros en hacer derivas a través de la ciudad dejándose llevar por cómo eran afectados por sus estímulos. En el caso de los mapas que hago, incorporo mis propias experiencias y sensaciones con el territorio. Por ejemplo, la desazón de tener las zapatillas y pantalones llenos de abrojos pinchudos después de una caminata por la estepa o saber que los cuerpos muertos se hunden más en el agua fría y por eso es difícil encontrarlos o también la alegría de llegar a una cumbre dejándonos sin aliento física y metafóricamente. Busco diferentes estrategias para hacerlo, a veces como referencias, otras escribiendo dentro del mapa.

Tu interés por vincular arte, filosofía y ciencia es notable. ¿En qué punto de “Travesía Infinita” encontramos esa intersección científica con la estética pura?
- Uno de los componentes fundamentales de la ciencia es la observación y aunque aún desconozco todas las piezas elegidas por la curadora, imagino que muchas de ellas comparten esta acción y representan con mayor o menor fidelidad, con mayor o menor expresividad, la información que es percibida por cada artista. Desde ya, esto no es lo único que tienen en común, comparten con frecuencia otros procedimientos y existen consideraciones estéticas. A veces un campo de conocimiento inspira la actividad en el otro. Son cada vez más frecuentes los equipos interdisciplinarios. Lo que creo que impulsa tanto a los científicos, como a los filósofos y a los artistas es el asombro y la pregunta, sin esto, no pasa nada y en general se genera a partir de nuestra interacción con lo que nos rodea.
Sos licenciada en Grabado y Arte Impreso. ¿De qué manera la “huella” y la presión del grabado simbolizan la marca que deja la Patagonia en quienes la habitamos?
- Todo lugar deja alguna huella en las personas y viceversa, quienes habitan un lugar no pueden dejar de marcarlo de algún modo.
Agnes Varda decía, “Creo que las personas están hechas no sólo de los lugares donde han sido criadas, sino también de aquellos lugares que han amado; creo que el entorno nos habita. Comprendiendo a la gente uno entiende los lugares mejor, comprendiendo a los lugares, uno entiende a la gente mejor.”

Al exponer en la Casa Nacional del Bicentenario, ¿cuál es el mensaje que Bariloche le envía al resto del país a través de tu lente o tu trazo?
- Como mencioné antes, el entorno, en este caso de Patagonia, nos habita, muchas personas como yo, elegimos hacer de este lugar nuestro lugar de pertenencia. Creo que un mensaje es nuestro amor por el lugar en el que elegimos vivir y nuestro compromiso por cuidarlo y al hacerlo conocer, esperar que otros sientan lo mismo.
Cris, tu obra suele “sacralizar lo profano”. En esta muestra en Buenos Aires, ¿qué rituales o plegarias contemporáneas estás intentando transmitir a través de tus piezas?
- Es cierto que mi trabajo esta atravesado por una mirada podría decir, espiritual. Me interesan muchos los rituales sobre todo los “ritualitos” esas cosas que uno inventa para sostenerse en un mundo caótico y hostil. Me conmueven los altares hogareños donde conviven elementos diversos: El gauchito gil, Imanyá, una piedrita del lago, una santita pagana, la pluma de un cauquén.
Creo que tenemos a la mano todos los elementos para crear nuevos mundos, solo debemos juntar las piezas y animarnos a soñarlos.
Estos Amuletos están construidos con elementos sencillos, piedras del lago o la montaña, palitos, hojas secas, materiales de desecho, su materialidad modesta y aparentemente poco valiosa es también un manifiesto: otorgarle poder a aquello que nos rodea.

Tu formación es amplia, desde el grabado hasta la dirección de arte en cine. ¿Cómo converge esa mirada multidisciplinaria al momento de abordar la identidad del sur argentino?
- No hice dirección de arte en cine, sino que trabajé en cine de animación como dibujante hace muchos años. También trabajé en diseño gráfico, publicidad y como diseñadora de interiores, estudié arte en la Pueyrredón e hice cursos de joyería, aerografía y dibujo. Desde ese lugar podría contestar tu pregunta.
La identidad del sur es un tema enorme y delicado, creo que hay muchos “sures” y no me atrevo a hablar de una sola identidad. Yo trato de ser fiel a mi mirada, que es por supuesto un recorte. Hace 36 años que vivo en Bariloche y mi relación con el lugar ha ido cambiando con el tiempo. Cada vez más el territorio se impone y yo tengo muchísimo respeto por su historia, sus ciclos y sus habitantes. Siento un gran privilegio por vivir en un lugar al considero de una potencia y una belleza impresionante y que está lleno de tensiones que trato de descifrar.
Participaste en colectivos fundamentales como “Sin Sostén”. ¿Cómo sentís que ha evolucionado la fuerza de las artistas mujeres de Bariloche en la escena nacional actual?
- Yo vengo de una época muy interesante donde empezaron a cambiar muchas cosas para nosotras, pero son luchas que nunca se acaban, curiosamente veo que en la mayoría de los espacios creativos, talleres de arte, poesía, fotografía etc. hay mayoría de mujeres y sin duda hay una fuerza muy poderosa ahí, pero a la vez hay que seguir discutiendo y peleando por cosas obvias Pienso que para los artistas en general éste es un tiempo difícil y debemos cuidarnos y apoyarnos porque el arte y la cultura están bajo fuego. Y la verdad es que no puedo imaginar un mundo sin nuestras voces. En Bariloche hay artistas visuales increíbles, hace ya varios años que tenemos nuestra hermosa sede que sostenemos con mucho trabajo y mucho amor. Casa Bachmann es un espacio de encuentro, exposición y talleres que ayuda al intercambio y al crecimiento de una identidad muy rica y diversa. Desde allí yo apuesto a que nuestro trabajo nos cuestione, nos conmueva, nos ayude a reflexionar, nos dé felicidad y nos transforme.
¿Qué elemento de la naturaleza barilochense es, para vos, el “pincel” invisible que guía tus manos hoy?
- Yo ahora estoy en un apasionado romance con las piedras. Me gusta observar todas las expresiones de la naturaleza, encuentro mucha belleza en lo minúsculo, ramas, palitos, hojas, piedras, raíces. Me convertí en una recolectora tenaz. Es lo que observo a mi paso, lo simple y humilde, lo que está a unos metros de mi casa lo que me interesa y me inspira.
Perla, tu técnica en la acuarela exige una precisión casi absoluta frente al error. ¿Cómo dialoga esa fragilidad del agua con la rudeza del paisaje patagónico que retratas?
- En realidad la estepa para mí tiene rudeza del clima y espacios muy solitarios, pero en sus formas es muy orgánica. La presencia del viento siempre presente suaviza y redondea las formas y eso me atrae enormemente y es lo que trato de mostrar.
Has llevado tu arte a escenarios internacionales. ¿Qué es aquello que el público europeo o norteamericano busca entender de nuestro sur a través de tus transparencias?

- Sabemos que Patagonia es un tema que actualmente suena mucho a nivel internacional, generalmente cuando llevo obra al exterior la temática es Estepa, que es el paisaje en el que me crie y llevo muy dentro mío. Es como si las obras salieran de mi interior y muchas de ellas las hago de observación previa y recuerdos sin registro fotográfico ni documentación.

En “Travesía Infinita”, ¿cuál fue el desafío de sintetizar la inmensidad de Bariloche en el formato etéreo de la acuarela para el público porteño?
-El “coirón” es un tema con el que vengo trabajando hace bastante tiempo y ante la propuesta de Mercedes, la curadora, para esta exposición decidí presentarla porque es un tema que me identifica
¿Cómo influye el silencio de tu taller en Bariloche al momento de decidir el primer trazo de una nueva obra?
- Yo trabajo casi siempre en silencio cuando estoy realizando alguna obra. La acuarela es una técnica que te lleva a un estado de mucha concentración por ser de comportamiento no tan predecible como el óleo o acrílico. Aquí uno dialoga con el Agua y los pigmentos por lo que todo sonido exterior, en mi casi desaparece por completo.
