Bariloche no se habita solo a través de su arquitectura o su geografía; se comprende, fundamentalmente, a través de su paladar. En esta edición inaugural de BAD, nos alejamos de lo efímero para adentrarnos en los templos donde la cocina de autor se eleva a la categoría de bellas artes. Aquí, el chef no solo cocina: cura el territorio.
Ánima: La Liturgia del Fuego y el Silencio
En la espesura del Circuito Chico, donde el bosque de El Trébol parece susurrar secretos antiguos, se encuentra Ánima. El nombre no es una casualidad; es el manifiesto de Emanuel Yañez García y Florencia Lafalla. En su cocina, el alma del producto es sagrada.
Emanuel trata el fuego no como un combustible, sino como un pincel de humo. Cada plato es una pieza de cámara, ejecutada con la precisión de quien conoce el lenguaje de la leña y el hierro. Florencia, por su parte, orquestra el salón con una elegancia que convierte la cena en una ceremonia privada. En Ánima, la temporalidad la dicta la huerta y la montaña: un hongo encontrado al amanecer puede ser la nota discordante y perfecta en una sinfonía de sabores otoñales. Es el lujo de la verdad, despojado de artificios, donde la técnica Michelin se rinde ante la honestidad del paisaje.
Quetro: La Arquitectura del Vuelo y el Sabor

En el pulso de la ciudad, pero con la mirada fija en la inmensidad del Nahuel Huapi, Federico Domínguez Fontán ha construido en Quetro un refugio de sofisticación técnica. El nombre evoca al ave que corre sobre el agua antes de despegar, una metáfora perfecta para la trayectoria de Fontán: una base sólida en la tradición clásica que remata en un vuelo creativo audaz.
La cocina de Quetro es arquitectónica. Federico diseña sus platos con una estructura que desafía la gravedad y el color. El uso de la trucha, el ciervo y los frutos del bosque no busca la repetición del cliché patagónico, sino su deconstrucción. Cada bocado es un equilibrio perfecto entre la potencia de la montaña y la finura de la alta escuela. Para el comensal de Quetro, la experiencia es un diálogo entre la técnica del autor y la majestuosidad del entorno, un vínculo indisoluble que define el nuevo estándar del lifestyle local.
Fragmentos de una Galería Gourmet
El ecosistema de Bariloche se completa con otras expresiones de maestría que permanecen como puntos cardinales del buen vivir:
- Minimalismo Orgánico en Huinid: Una propuesta que se lee como un haiku japonés: pureza, síntesis y una técnica impecable. Su trucha marinada en koji es, quizás, la expresión más vanguardista del respeto por la fauna acuática.
- La Geometría de Epic (Arelauquen): Donde el maridaje entre el Real Estate de alta gama y la cocina de excelencia alcanza su cénit. El plato «San Antonio y Nahuel» es una pieza de colección que captura la esencia de los lagos en un tríptico de texturas marinas.
- El Claroscuro de Chimi Deli: Una apuesta por el contraste audaz. La unión de la trucha con chocolate blanco y caviar de cítricos es una obra que desafía los sentidos, recordándonos que la cocina, como el arte moderno, debe, ante todo, provocarnos.
