Momento de la inauguración de Blanco y Negro en casa Bachmann, Catalina Galdón, Perla León, Daniel De Gaetano y Antonio Romano
“Salir del Bariloche de ‘cartón postal’, de lo trillado, y encontrar estas sensibilidades, otro modo de estar, lentificar la mirada.”
El fragmento quedó escrito en el libro de visitas de la muestra que reúne a Perla León, Catalina Galdón y Antonio Romano en Casa Bachmann. La observación de alguien que recorrió la sala ofrece una entrada a lo que sucede entre las obras: una invitación a detenerse y mirar más allá de las representaciones habituales del paisaje.
Acuarela, carbonilla y fotografía parten de lenguajes diferentes. El blanco y negro ofrece un primer vínculo visible, pero detrás de esa coincidencia aparecen otras relaciones: la naturaleza observada fuera de la postal, las estructuras que sostienen la vida y el territorio atravesado por el tiempo. Las obras conviven sin abandonar sus diferencias y, al reunirse, dejan aparecer correspondencias que no requieren una intención compartida de antemano.
Perla León y la belleza de la intemperie
Las acuarelas que Perla León presenta forman parte de una serie en la que trabaja desde hace más de dos años. Allí experimenta con una técnica de drenaje y con acuarelas granulantes, buscando en los distintos valores de gris una manera particular de representar determinados ambientes.
“El resultado obtenido con los distintos valores de grises me resulta especialmente conveniente para representar ciertos ambientes.”
El drenaje introduce además un componente que escapa parcialmente al control. León explica que la técnica consiste en agregar suficiente cantidad de agua para permitir que el material pueda fluir y desplazarse libremente sobre el soporte.
“En algunos casos se coloca la superficie en forma vertical u horizontal para drenar ese exceso de líquido y lograr que se formen efectos semejantes a los de una raíz.”

Sus paisajes parten de la Patagonia, aunque muchas veces el territorio comienza a desprenderse de la descripción para transformarse en líneas, manchas, cercos, troncos y superficies. No hay, sin embargo, una voluntad explícita de conducir al espectador hacia un significado determinado.
“En general no busco transmitir a quien mira la obra algo en especial. Yo me inspiro en la naturaleza y lo que me emociona o impacta cuando la observo.”
Y esa naturaleza no responde necesariamente a la versión apacible o monumental con la que suele asociarse el paisaje patagónico.
“No siempre es un lugar idílico o que invita al reposo. Mi tema es casi siempre la Patagonia y entonces nos encontramos con viento, frío y desolación en muchos casos. Esa es para mí la realidad de este territorio y encuentro belleza en ello.”
En esa afirmación aparece una de las claves de su trabajo: no parece interesarle corregir el paisaje para volverlo amable. La belleza puede encontrarse también en la intemperie.

Sobre el encuentro con los otros dos artistas, León señala otro vínculo que excede la coincidencia cromática:
“El estar compartiendo la exposición con colegas que trabajan con otras técnicas me resulta muy gratificante, especialmente porque nos une no sólo haber trabajado en blanco y negro sino que también los tres investigamos con temas que tienen que ver con la naturaleza, sus ciclos y su capacidad de renacer.”

Catalina Galdón entre el misterio y la contemplación
En los trabajos de Catalina Galdón, la escala modifica nuestra relación con aquello que vemos.
Sus dibujos de semillas y fósiles microscópicos parten de imágenes científicas reales —en algunos casos obtenidas mediante microscopía electrónica— que la artista traslada a la carbonilla y lleva a otra dimensión.
Lo que inicialmente la atrajo fue la extraordinaria diversidad de esas formas, pero también aquello que representan.
“En los dibujos de semillas y fósiles microscópicos me atrajeron las formas, la diversidad que hay y sobre todo saber que en esos pequeños organismos anida la vida, latente, a la espera, con la paciencia y certeza de que el ciclo seguirá.”
La observación científica se desplaza así hacia otro territorio. El organismo deja de ser únicamente objeto de estudio y se convierte en una forma capaz de producir extrañeza y contemplación.
“Ante esa cantidad increíble de recursos adaptativos, belleza formal, ingenio, siento la maravilla que es la existencia.”


En Casa Bachmann esos trabajos dialogan con una producción más reciente centrada en huesos, reunida bajo el título Hasta el hueso. Para Galdón, ambos cuerpos de obra comparten “misterio, silencio y contemplación”.
“Con la serie Hasta el hueso, pasa algo similar, el hueso como sostén, andamiaje, núcleo, meollo, esencia necesaria para habitar un cuerpo, para sostenerlo. Ante lo inevitable, el hueso y el arte como soporte.”
La carbonilla y el blanco y negro permiten concentrar esa mirada. La artista encuentra allí una amplitud suficiente para trabajar volumen, superficie, textura y luz sin introducir elementos que desvíen la atención.
“El blanco y negro me da una gama muy amplia de posibilidades para trabajar el volumen, la textura y la luz, sin distracciones, sin adorno; el objeto en cuestión es protagonista, es el eje, sin un entorno que distraiga.”
La imagen queda reducida a lo esencial. Semilla, fósil o hueso: estructuras pequeñas o interiores que, ampliadas y aisladas, adquieren una presencia casi monumental.
Antonio Romano y el intento de fotografiar el tiempo
Antonio Romano presenta seis fotografías pertenecientes a Ecos del Tiempo, una serie abierta en la que continúa trabajando y a la que incorpora nuevas imágenes a medida que encuentra situaciones capaces de sumarse a ese universo.
La selección para Casa Bachmann busca funcionar como una síntesis. Agua, bruma, piedra, viento, vegetación y rastros de presencia humana aparecen como diferentes manifestaciones de un mismo asunto: el tiempo y aquello que deja sobre el territorio.
Romano resume la serie con una frase que contiene tanto una intención fotográfica como una inquietud frente al paisaje:
“Al paso que vamos, creo que sólo quedarán las fotografías.”

En su texto de sala escribe: “Intento fotografiar el tiempo”.
No se refiere solamente a registrar el instante en el sentido convencional de la fotografía. Lo que busca es que la imagen conserve algo de la experiencia de haber estado allí; que no parezca apenas una fracción de segundo capturada y abandonada inmediatamente después.
Hay, en ese intento, una búsqueda de aquello que Roland Barthes llamó punctum: ese elemento difícil de programar que, dentro de una fotografía, alcanza al espectador de una manera particular. No es una propiedad que produzca el mismo efecto en todos: depende de ese encuentro singular con la imagen. Romano admite que no todas las imágenes consiguen producirlo con la misma intensidad, pero reconoce allí una dirección de trabajo.
El blanco y negro es parte central de esa construcción. Su manera de trabajar se apoya en principios técnicos desarrollados dentro de la tradición fotográfica de Ansel Adams y en autores contemporáneos que forman parte de sus referencias, entre ellos Diego Ortiz Mugica. El manejo tonal supone pensar, desde la toma, cómo se traducirán las luces y las sombras de la escena en la copia final.
En su práctica digital, ese recorrido enlaza escena, archivo, monitor e impresión. Cada etapa tiene posibilidades y límites distintos: una pantalla emite luz; una copia sobre papel se ve por la luz que refleja. Lo que se observa en el monitor no se traslada automáticamente al soporte impreso.
La fotografía, para Romano, no termina entonces en la cámara. El procesamiento digital se realiza pensando desde el comienzo en la impresión definitiva y en las características del papel sobre el que existirá físicamente la obra.
En esa traducción importa el D-Max, la densidad máxima del negro que puede alcanzar una combinación de tinta, papel y condiciones de impresión. No describe por sí solo toda la riqueza tonal de una copia: también cuentan el blanco del soporte y la separación de los matices. La profundidad del negro tiene sentido junto con las gradaciones y el detalle que la imagen necesita conservar.

Esa preocupación técnica está directamente vinculada con otra idea de la serie: la fotografía como memoria.
En estas fotografías, Romano parte de algo que estuvo delante de la cámara. Un momento ocurrió, una determinada luz existió, el paisaje presentó esa configuración y después cambió.
La fotografía fija una porción de ese tiempo primero en el archivo y luego, finalmente, en el papel.
Para esa última etapa utiliza impresión Fine Art Giclée con tintas pigmentadas y soportes destinados a la conservación de la imagen. La elección responde a la intención de que aquello que fue registrado pueda permanecer.

Y, sin embargo, frente a la palabra “artista”, Romano introduce una distancia:
“No sé si puedo llamarme artista fotógrafo, creo que soy un trabajador de la imagen.”
Tres lenguajes y un territorio de encuentro
Las obras de León, Galdón y Romano no necesitan construir una explicación conjunta para funcionar en una misma sala.
Una acuarela deja actuar al agua hasta que aparecen formas semejantes a raíces. Una carbonilla amplifica organismos microscópicos o se detiene en la estructura de un hueso. Una fotografía intenta conservar en el papel algo de un territorio que ya comenzó a cambiar desde el momento mismo de la toma.
Entre el agua, la piedra, las semillas, los huesos y los árboles aparecen también distintas maneras de esperar.
En las palabras de Catalina Galdón, la vida permanece “latente, a la espera, con la paciencia y certeza de que el ciclo seguirá”. En las acuarelas de Perla León el agua encuentra parcialmente su propio recorrido sobre el papel. En las fotografías de Antonio Romano el instante queda fijado mientras el paisaje continúa transformándose.
Quizás sea allí, más que en el blanco y negro, donde las tres miradas encuentran su punto de contacto: en detenerse a observar la naturaleza y dejar que cada obra conserve algo de lo que encontraron. Aquella invitación del libro de visitas a «lentificar la mirada» puede leerse también como una forma de recorrer la muestra.
ROMANO / VEKTOR
Una producción de Bariloche al Día.
Antonio Romano: periodismo, entrevistas y fotografía.
Elian Vektor: investigación y edición con inteligencia artificial.
Edición final y responsabilidad periodística: Antonio Romano.
